Alejandro Ferri

diciembre 31, 2009

El poder del papel tintado y del papel escrito

Como periodistas podemos pensar que el papel sobre el que escribimos es muy valioso. La información transmitida puede sacudir a unas organizaciones, ayudando a la sociedad.

Lowell Bergman fue uno de esos periodistas que han dado que hablar. Cuando se descubrió que la empresa Brown & Williamson al igual que otras seis tabacaleras americanas adulteraban el tabaco, Bergman rápidamente contacto con Jeffrey Wigand, antiguo trabajador de la primera empresa nombrada. Éste estaba deseoso de contar la historia pero se encontró con un pero: contar la historia, o la posición económica y la integridad física de su familia.

Bergman convenció a Wigand y éste se mostraba dispuesto a contar la historia. A pesar de ello, las tabacaleras intentaron acallar a Wigand. Bergman se ganó la confianza del   ex – investigador de Brown & Williamson  y mantuvo un trato con la fuente difícil de ver en la actualidad. La prioridad era Wigand, aunque siempre instando a dar la información al público.

Con todo preparado para la emisión del reportaje en el programa “60 minutos”, del cual era productor Bergman, la CBS ordenó dar marcha atrás y no emitir el reportaje. El motivo era la posible demanda de las tabacaleras a la cadena de televisión. La noticia se convirtió en dinero. El poderoso caballero don dinero, ese pequeño trozo de papel que cabe en nuestros bolsillos, venció la batalla al papel sobre el que escriben los periodistas. Pero si un periodista se empeña en no callar, siempre va a poder publicar su información. Él debe saber que corre unos riesgos, pero no traicionar a una fuente que ha corrido con tantos riesgos es prioritario, así como informar al público.  

Así es como debería de ser el periodismo, el problema es el comentado: que el dinero manda y la fuente solo interesa si hay beneficio económico detrás. Bergman es un periodista modélico en este sentido, e incluso comentó en una entrevista tras el estreno de la película que él todavía mantenía el contacto con Wigand, después de todo lo que habían pasado, la amistad duraba.

Aun así, ¿qué hubiera pasado si Wigand continuara trabajando para la tabacalera o si se le hubiera ofrecido una cantidad de dinero astronómica? La fuente también debe ser honrada con el periodista en este caso.

La película (El dilema) la llevo al cine Michael Mann, donde contó con la participación de Al Pacino en la piel de Bergman y de Russel Crowe como Jeffrey Wigand.

 

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