Alejandro Ferri

enero 5, 2010

En la oscuridad de los parkings

En junio de 1972 un atraco a las oficinas Watergate de la sede demócrata finalizó con la dimisión del presidente Richard Nixon dos años más tarde. Lo que parecía un simple atraco desencadenó una interminable lista de hombres implicados en el caso, hasta llegar al dicho presidente. ¿Y quienes fueron los artífices? Dos humildes periodistas del Washington Post, dos periodistas que no cesaron en su búsqueda de la verdad.

Carl Bernstein y Bob Woodward pasaron días y semanas preguntando a posibles fuentes, siempre bajo la promesa de no ser revelados sus nombres en el periódico, ya que todas actuaban con miedo. Los dos periodistas iban paso a paso, recopilando información y preguntando, como decían ellos “para confirmar”. Pero tenían que obtener información más directa, con lo cual Woodward no dudó en ponerse en contacto con Mark Felt (número dos del FBI en la época), con quien mantenía una relación de amistad pasada. “Deep throat” (Garganta profunda) como se hacía llamar Felt ayudó desde el momento en el que, como se ve en la película “Todos los hombres del presidente”, Woodward colocó una bandera roja en su balcón. Él no quería que su nombre saliera a la luz, por lo que prefirió hacer las cosas a su manera. Eso podía implicar un cierto tipo de manipulación, ya que como el dijó, “lo tengo que hacer a mi manera”.

Uno daba pistas en la oscuridad de unos parkings a los que para llegar, Woodward cogía dos taxis y un autobús, y los periodistas del Post investigaban y esclarecían las pistas. Magnífico trabajo en equipo, hasta que finalmente Garganta profunda decidió revelar todo, una vez que los periodistas ya estaban sobre el final del asunto.

Los periodistas durante ese tiempo dieron palos de ciego por el anonimato de la fuente, pero si se hubieran jugado publicar la información sin nombres ni pruebas podían acabar en los tribunales. Ellos supieron manejar la situación y no revelaron los nombres, ni siquiera al director del periódico, que desconocía quien era Garganta profunda (solo se supo 30 años después y porque el propio Felt lo confesó para “limpiar su conciencia”). Las fuentes daban lo que ellos querían y ellos cuidaban a las fuentes. Un trato perfecto que en pocas ocasiones se da. La buena relación de los periodistas con las fuentes dio como resultado la dimisión de Richard Nixon y de un número importante de miembros de la Casa Blanca.

Anuncios

Dejar un comentario »

Aún no hay comentarios.

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: